Un crecimiento económico pobre y magro.
El sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador llega a su fin, dejando una economía mexicana con claroscuros.
Por un lado, se lograron avances laborales significativos, como el aumento del salario mínimo en un 110% real, y la implementación de la Ley de Subcontratación, que beneficia a trabajadores y empresas.
También se mantuvo la estabilidad financiera y de precios, gracias a la autonomía del Banco de México y el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).
Sin embargo, el crecimiento económico fue magro, promediando apenas un 0.9% anual, y la inversión pública fue la más baja desde el gobierno de Ernesto Zedillo, con un 2.7% del PIB.
Además, la seguridad sigue siendo un gran reto, con este sexenio siendo el más violento en la historia de México.
