Durante la bendición de Pascua, el pontífice alzó la voz contra la guerra y el antisemitismo.
Visiblemente debilitado y sin leer su mensaje pascual, el Papa Francisco apareció este domingo en el balcón central de la Basílica de San Pedro para impartir la tradicional bendición urbi et orbi.
A través del monseñor Diego Ravelli, su mensaje transmitió un urgente llamado a la paz, especialmente en Gaza,
donde denunció la “dramática e innoble situación humanitaria”.
Pidió un alto al fuego, la liberación de rehenes y ayuda para la población.
Pese a su prolongada afección respiratoria, que lo mantuvo alejado de la mayoría de los actos de Semana Santa, el Pontífice insistió en participar en la Pascua, la celebración más importante del cristianismo.

Francisco también manifestó su dolor por la guerra en “la martirizada Ucrania”, acusó el resurgimiento del antisemitismo.
Criticó el desprecio hacia los migrantes y marginados, víctimas -dijo- de una cultura que descarta al más débil.
