El pontífice denunció la violencia estructural.
Durante la misa del Domingo de Pentecostés, celebrada ante más de 70 mil fieles en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV apeló al amor como antídoto frente a los males que aquejan al mundo:
El egoísmo que impide establecer vínculos, la lógica de la exclusión que alimenta guerras y los dolorosos feminicidios que surgen de relaciones tóxicas.

El Pontífice, de origen estadounidense y peruano, destacó la acción del Espíritu Santo como una fuerza que “abre las fronteras” y convierte nuestras vidas en espacios hospitalarios.
Citando al papa Benedicto XVI,
recordó que la Iglesia debe derribar barreras entre pueblos, clases y razas, sin dejar a nadie olvidado ni despreciado.

León XIV lamentó que, en una era hiperconectada, las personas estén más solas que nunca, incapaces de crear vínculos reales.
“El amor disuelve nuestras durezas, cerrazones, egoísmos y miedos”, concluyó.
